Redacción: Navidades de Muerte


Tabit aceleró el paso. Era la víspera de Navidad y unos gruesos copos de nieve caían sin parar sobre las calles de Londres. Al llegar a la puerta de su casa, el número 12 de Grimauld Place, vio una extraña sombra que se movía entre los matorrales del jardín de su vecina, la señora Prince, pero no le dio importancia. Su casa era muy antigua, había pasado de generación en generación hasta llegar hasta él, Tabit White, el último del noble linaje de los White. Él se sentía orgulloso de tener aquella casa que había adquirido hacia apenas dos días. Todos los antiguos poseedores habían desaparecido misteriosamente o habían sufrido una muerte violenta y prematura, por lo que los vecinos decían que la casa y sus ocupantes estaban malditos. Pero lo más siniestro de todo es que todos los ocupantes de la casa habían muerto en Nochebuena.

"Paparruchas", se dijo a sí mismo Tabit cuando le advirtieron que la casa estaba maldita.

Al llegar a su cuarto, vio que su gato Arnold había desgarrado las cortinas. "Genial", pensó Tabit. "¡Arnold! ¡Arnold, ven aquí ahora mismo!"

"Maldito gato."

Al llegar al salón vio arañazos en el sofá y pisadas de color rojo que se dirigían al cuarto de baño. Se dirigió allí y lo que vio los dejó paralizado: su gato estaba allí, tirado en el suelo, en medio de un charco de sangre y con una herida muy fea en la cabeza.

"Madre mía. ¡Arnold!"

A su lado había una bola de nieve perfectamente redonda y brillante, manchada de la sangre del gato.

Iba a llamar a la policía cuando oyó un ruido proveniente de la cocina. Fue a ver lo que había provocado ese ruido, temblando de arriba a abajo. Al entrar en la cocina, vio un muñeco de nieve, pero no uno cualquiera, aquel muñeco de nieve era lo más terrorífico que Tabit había visto en su vida: tenía  una calabaza a modo de cabeza, en la cual había una sonrisa tallada, pero estaba tan mal hecha que más bien parecía una mueca.

De repente, el muñeco habló:

"¡Ahora sufrirás la ira del Yeti!", dijo aquel muñeco de nieve. Y tras eso, se arrancó un pedazo de su cuerpo de y lo moldeó hasta crear una bola de nieve perfectamente redonda y brillante y se la lanzó a Tabit, que no pudo esquivarla. Sintió un fuerte dolor en la cabeza y se desplomó en el suelo. Lo último que vio fue al Yeti riéndose a carcajadas.

"Parece que ya despierta. ¿Tabit, te encuentras bien?"

Tabit se despertó en el hospital. Tenía una brecha en la cabeza y había una enfermera que le miraba sonriente.

"¿Que me ha pasado?"

"Te tropezaste cuando subías la escalera de tu casa y te golpeaste la cabeza con la barandilla. Te encontró la señora Prince cuando volvía del supermercado."

"¿Con qué me tropecé?"

"Con esto", dijo la enfermera enseñándole una bola de nieve perfectamente redonda y brillante.

  • Mateo Periago
  • 26/01/2016 15:05:11
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Navidades de Muerte

Esta es una redacción que me mandaron en el colegio.


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